4 muslos de pollo (con o sin piel, según prefieras)
200 g de albaricoques secos (pueden ser frescos si están en temporada)
1 cebolla grande, cortada en rodajas finas
2 dientes de ajo, picados
1 taza de caldo de pollo
1/2 taza de vino blanco (opcional)
1 cucharada de vinagre balsámico
1 cucharadita de comino molido
Una cucharada de harina de trigo.
1 cucharadita de pimentón dulce (opcional)
Sal y pimienta al gusto
2 cucharadas de aceite de oliva
Perejil fresco picado para decorar (opcional)
Preparación
Sazona los muslos de pollo con sal, pimienta, comino, y pimentón.
Calienta el aceite de oliva en una sartén grande o una cazuela a fuego medio-alto.
Dora los muslos de pollo por ambos lados hasta que estén dorados, unos 5 minutos por cada lado. Retira el pollo de la sartén y resérvalo.
En la misma sartén, añade un poco más de aceite si es necesario, y sofríe la cebolla a fuego medio hasta que esté suave y dorada, unos 7-10 minutos.
Añade el ajo picado y cocina durante 1-2 minutos más, teniendo cuidado de que no se queme.
Echa una cucharada de harina y deja que se cocine por unos minutos.
Incorpora los albaricoques secos (o frescos) a la sartén. Sofríe por unos minutos.
Añade un poco de vinagre balsámico, y mezcla bien para que los albaricoques se impregnen de los sabores. Algunos cocineros le echan un poco de miel.
Vierte el vino blanco en la sartén y cocina por unos minutos para que se evapore el alcohol.
Añade el caldo de pollo y vuelve a colocar los muslos de pollo en la sartén, asegurándote de que estén parcialmente cubiertos por el líquido.
Reduce el fuego, tapa la sartén y deja cocinar a fuego lento durante unos 30-40 minutos, o hasta que el pollo esté completamente cocido y los albaricoques estén tiernos.
Si el líquido se reduce demasiado, puedes añadir un poco más de caldo o agua.
Deja que repose antes de servir. Puedes agregar perejil fresco picado como decoración.